
Quizás ha llegado el momento de hacerme a la idea de que tus labios ya nunca podré besar. Tendré que vivir sin saber a qué huele tu piel, o cómo tocan tus manos en cada despertar.
Este juego es como uno de azar, los dos sabemos que a nada lleva y a mí no me he tocado ganar.
Si es lo mejor, no lo sé, pero el reloj marca las en punto y somos demasiados en el mismo vagón de la incompresión.
La vida va demasiado deprisa para que nos detengamos intentando salir de un laberinto en el que no vemos la salida. O, quizás, no queremos verla, porque para mí es más fácil seguir pensando en ti, que decirle a mi corazón que tú nunca estuviste aquí.
Ahora que te irás, me compraré un abrigo para engañar este frío que se instala con la luna en un rincón de mi habitación. Los sueños no serán suficientes para sentir que no te has ido y es que, hasta éstos se fueron corriendo tras de ti por el hilo del teléfono en una conversación que, una vez más, no conseguimos concluir.
Es de noche y no hay estrellas, y ahora sé lo que se siente cuando se comen a puñados los silencios al preguntar por tu regazo. Y sé, igual que tú, que no encontraré faro hasta que tu piel no se distinga de la mía y sé que, sin ti, nada habrá digno de alegría.
Una vez más estoy robando algo que no me pertenece y nadie mejor que yo para castigarme con la cárcel de tu olvido. Ésa que me atormenta y que me mata de celos, ésa a la que no quiero entrar porque sé que, aunque no lo esté haciendo bien, algo dentro de mí morirá en el mismo instante en el que su puerta se cierre y yo pase a ser nadie en las páginas del libro de tu vida.
Dejaré de existir porque tus ojos nunca me volverán a mirar...
Y me niego a seguir pensando que ésto es lo mejor. ¿Lo mejor?, ¿para quién?. Para los demás, porque para ti y para mí lo mejor sería construirnos un mundo de papel habitado sólo por nosotros dos, en el que cada minuto sea una palabra más de esta historia nuestra, que nunca hemos vivido y que tanto hemos ansiado escribir.
Pero no puede ser, otra vez estoy soñando y es que no puedo evitar pensar que, quizás, esto no sea amor, sino que sólo sea una maldita idealización de algo que no debiera.
Es demasiado tarde en el reloj de los reproches para poder concluir, así que para no perder la costumbre, aquí va otro final inconcluso.
ALGÚN MES DEL 2006
Este juego es como uno de azar, los dos sabemos que a nada lleva y a mí no me he tocado ganar.
Si es lo mejor, no lo sé, pero el reloj marca las en punto y somos demasiados en el mismo vagón de la incompresión.
La vida va demasiado deprisa para que nos detengamos intentando salir de un laberinto en el que no vemos la salida. O, quizás, no queremos verla, porque para mí es más fácil seguir pensando en ti, que decirle a mi corazón que tú nunca estuviste aquí.
Ahora que te irás, me compraré un abrigo para engañar este frío que se instala con la luna en un rincón de mi habitación. Los sueños no serán suficientes para sentir que no te has ido y es que, hasta éstos se fueron corriendo tras de ti por el hilo del teléfono en una conversación que, una vez más, no conseguimos concluir.
Es de noche y no hay estrellas, y ahora sé lo que se siente cuando se comen a puñados los silencios al preguntar por tu regazo. Y sé, igual que tú, que no encontraré faro hasta que tu piel no se distinga de la mía y sé que, sin ti, nada habrá digno de alegría.
Una vez más estoy robando algo que no me pertenece y nadie mejor que yo para castigarme con la cárcel de tu olvido. Ésa que me atormenta y que me mata de celos, ésa a la que no quiero entrar porque sé que, aunque no lo esté haciendo bien, algo dentro de mí morirá en el mismo instante en el que su puerta se cierre y yo pase a ser nadie en las páginas del libro de tu vida.
Dejaré de existir porque tus ojos nunca me volverán a mirar...
Y me niego a seguir pensando que ésto es lo mejor. ¿Lo mejor?, ¿para quién?. Para los demás, porque para ti y para mí lo mejor sería construirnos un mundo de papel habitado sólo por nosotros dos, en el que cada minuto sea una palabra más de esta historia nuestra, que nunca hemos vivido y que tanto hemos ansiado escribir.
Pero no puede ser, otra vez estoy soñando y es que no puedo evitar pensar que, quizás, esto no sea amor, sino que sólo sea una maldita idealización de algo que no debiera.
Es demasiado tarde en el reloj de los reproches para poder concluir, así que para no perder la costumbre, aquí va otro final inconcluso.
ALGÚN MES DEL 2006
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